I.
Abrí los ojos. Desperté consiente de mí, completamente ajeno a lo que siempre quise que fuera: la ropa, el gesto, la mirada, las acciones, la voz. Tiempo atrás fui el personaje de una novela que yo mismo escribí. Me llevé la adolescencia, el inicio de mi madurez, cosiendo a sus carnes las acciones reales e imaginarias que yo, aquel que antes se creaba en otros, había querido mirarle realizar.
Entonces este nuevo yo que antes se escribía, estaba ahora conscientemente dispuesto a poner en marcha los planes que para mi, la vida y ninguno otro, había trazado.
¿Entonces, hombre libre que querrás hacer de aquí en adelante?…
II.
Pongo un punto final al relato, y simplemente dejo que la hoja se llene por sí sola. Si no vuelvo para concluirla, y no he de volver, ya alguien más lo hará por mi. Siempre hay quien se encarga de narrar nuestra historia. Sólo algunos pocos ociosos escribimos nuestra propia autobiografía.
III.
Salgo a vivir, regreso en una vida.



